Ases Falsos: Búscate un lugar para demostrar

Publicado el: 12 abril, 2014

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Club Chocolate parece un gimnasio de colegio. A las 10 de la noche las gradas ya están llenas y la “cancha” espera tranquila el arribo de los cinco Ases. Igual el lugar es ondero: tiene buena barra, no tan cara, y la previa del concierto fue armonizada con música envasada que viajaba entre los Arctic Monkeys y algo parecido a una salsa. En la pantalla, una copia de la tipografía de Daft Punk contaba que la gente estaba en el lugar indicado: Esperando a los Ases Falsos. Parecía un buen lugar.

Por Carlos Ferreira.

Atrasado caminó al escenario Cristóbal Briceño (de pantalones cortos, camisa verde con tigre estampado en la espalda y cuidada barba) y sus compañeros. Arrancaron bajo, con “Nada”, y subieron el tono con la exquisita armonía que es “Búscate un lugar para ensayar”. Para así, finalmente, despegar con lo más conocido del disco Juventud Americana (el único trabajo de estudio de Ases Falsos luego de su mutación desde Fother Mockers).

La idea era presentar “Simetría”, el single del nuevo disco “Conducción”, una canción que parece sacada de una antología de grandes éxitos y que llegó a decorar el final de la noche, pero el momento sirvió además para demostrar lo crecidos que están los niños. Los mal llamados «recambio del rock chileno» saben pararse en un escenario con varios éxitos en la mochila. Suenan bien, suenan serio y solo suenan a “Ases Falsos”. Briceño se está construyendo la chapa de genio tras una serie de composiciones que suenan a algo que quizás sí le pueda gustar a Álvaro Henríquez. Más allá de sus delirantes versiones de clásicos románticos que circulan por Internet, “Take a Bow” (cover de Madonna) mostró a unos Ases capaces de adueñarse de cualquier tonada popera que te invita a darle un beso a la desconocida que tienes al lado. Así mismo la fanaticada saltaba y volaba con “Quemando” y pasaba a los abrazos y agarrones con “Pacífico”.

La iluminación y el audio se sacaron un 6,5. El lugar jugaba entre lo íntimo y lo masivo, con una arquitectura que permitía disfrutar de las gesticulaciones de Briceño desde cualquier ángulo. Simón Sánchez (bajo) hizo sonreír a parte del público con algunas intervenciones, mientras que Martín del Real (guitarra), Francisco Rojas (teclado) y Juan Pablo Garín (batería) terminaban de completar a una banda que aquella noche contó que se están construyendo sólidamente desde unos cimientos con muy buen olor.

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